La vida es una oportunidad, APROVÉCHALA... La vida es belleza, ADMÍRALA

Teresa de Calcuta

La vida es un sueño, HAZLO REALIDAD... La vida es un reto, AFRÓNTALO

Teresa de Calcuta

La vida es tristeza, SUPÉRALA... La vida es amor, GÓZALO

Teresa de Calcuta

La vida es una tragedia, DOMÍNALA... La vida es un misterio, DESCÚBRELO

Teresa de Calcuta

La vida es aventura, VÍVELA... La vida es felicidad, MERÉCELA

Teresa de Calcuta

Redes...

Otoño revelador


Siempre me ha gustado del otoño
esa leve percepción de que todo se ralentiza,
esa sensación de soledad bajo la piel,
antesala del encuentro,
esa certeza innata en la explosión de colores y matices
que muestra que la belleza es belleza porque es perecedera,
esa melodía de silencios elocuentes
entre olas de hojas secas mecidas por el viento.

Siempre me ha gustado del otoño
esa voluntad recia y dócil para ser lo que se es,
esa claridad intensa, por no serlo, que sublima lo cotidiano
y dignifica a la desnudez que abre paso al invierno,
esa ausencia de tragedia ante la muerte
que se desvela transformadora,
esa aceptación de lo inevitable que no es resignación
si no plenitud.

Siempre me ha gustado del otoño
esa decisión de la mirada para dejar de escrutar
y sobrecogerse ante la revelación de lo ordinario,
esa disposición del alma para dejarse entrever
entre heridas y anhelos,
ese deslumbramiento de sombras que enaltecen a la luz,
esa ausencia de promesas que se rinden ante lo presente,
ese aquí y ahora que se sabe eterno
en el desdibujado atardecer del suelo que quebranto con mi paso.

Pero hay algo del otoño que, aunque me atrae, me inquieta…
esa quietud rota e indefinida de la lluvia
que, ajena a mis deseos, me cala de incertidumbres
y me hace desear un refugio dónde reclinar el cansancio de ser hombre
más allá de mí…
Es entonces cuando esta estación caduca me susurra con voz de brisa
que no es el tiempo quien pasa sino yo.

Humanidad digital

Una vez más me veo sorprendido por la Redes Sociales y su capacidad para desbordar humanidad. Y no, no soy un defensor de estos espacios digitales que amplifican la ambivalencia humana. 

Ya sé que la “Red de redes” puede servir para mantenernos “conectados” de tal manera que desconectemos de todo y de todos aunque pensemos lo contrario. Tampoco soy un defensor a ultranza de sus aliados los “aparatitos electrónicos”, aunque me fascina las posibilidades que ofrecen para generar “conexiones positivas”, conseguir encuentros y reencuentros, o como pueden ayudar a que las personas se movilicen para llevar a cabo cambios reales en favor de una sociedad embotada de injusticias. Y ¿por qué no?... para reírse un rato con el ingenio de alguno o alguna y “desconectar”, que a veces viene muy bien. El sentido del humor está bastante infravalorado en estos tiempos que corren, el sentido del humor no la frivolidad.

Que cada uno decida si quiere hacer de La Red un campo de opio para consumo personal y “comunitario” o cavar surcos en ese espacio digital basto y fértil para esparcir semillas con la esperanza de que den buen fruto.

Perdón, me desvié del tema. ¿Qué humanidad desbordada me sorprendió en las Redes Sociales?...

Magdalena Sánchez Blesa entró ayer en mi vida, sin que lo pretendiéramos ambos, a través del enlace de un vídeo de su cuenta de Facebook compartido en un grupo de WhatsApp al que me agregaron y no sé bien qué grupo es. Qué grande es el destino si es que existe.

Comparto en el blog este vídeo y el poema trascrito para que mi espacio digital quede impregnado de su hondura humana, y porque sé que volveré a tener sed de sus palabras.
  

Instrucciones a mis hijos
Jamás un conato de daros la vuelta
Jamás una huida, por muchos que sean
Jamás ningún miedo, y si acaso os diera,
Jamás os lo noten, que no se den cuenta
Jamás un “me rindo”, si no tenéis fuerzas
Aunque fuese a gatas, llegad a la meta
Que nadie os acuse… ¡miradme a la cara!
Que nadie os acuse de dejar a medias un sueño imposible…
(Si es que los hubiera)
Yo no los conozco,
Y mira que llevo yo sueños a cuestas
Jamás, y os lo digo como una sentencia, ¡miradme a la cara!
Jamás en la vida paséis por el lado de cualquier persona sin una sonrisa
No hay nadie en el mundo que no la merezca
Hacedle la vida más fácil, ¡miradme!
A cada ser vivo que habite la tierra
Jamás se os olvide que en el mundo hay guerra
Por pasar de largo sin gloria ni pena delante de un hombre
Y no preguntarnos qué sueño le inquieta
Qué historia le empuja,
Qué pena lo envuelve,
Qué miedo le para,
Qué madre lo tuvo,
Qué abrazo le falta,
Qué rabia le ronda,
Qué envidia lo apresa…
Jamás, y los digo faltándome fuerzas,
Si el mundo se para,
Os quedéis sentados viendo la manera de que otro lo empuje
Remangaos el alma,
Sed palanca y rueda,
Tirad de la vida vuestra y de quien sea,
Que os falte camino,
Perded la pelea contra los enanos
No sed los primeros,
Que os ganen los hombres que no tienen piernas
No sabedlo todo,
Dejad que contesten los que menos sepan
Las manos bien grandes,
Las puertas abiertas,
Anchos los abrazos, fuera las fronteras
Hablad un idioma claro, que se entienda
Si estrecháis la mano, hacedlo con fuerza
Mirando a los ojos,
Dejando una huella
Prestad vuestra vida,
Regaladla entera
Que a nadie le falte ni una gota de ella
¡Cantad!
Que cantando la vida es más bella
Y jamás, os hablo desde donde nazca
El último soplo de vida que tenga,
Jamás una huida,
Por muchos que sean…


Lo esencial en esta vida es vivir

Por casualidad, como muchas cosas que me ocurren en la vida, o por ese instinto que me asalta de vez en cuando al pasear la mirada por todo aquello que me rodea, sin prisas, sin necesidad de huir de lo cotidiano, me topé con la portada del libro: “Kintsukuroi. El arte de curar heridas emocionales” de Tomás Navarro. Lo cogí para ojearlo y enseguida supe que no era un libro más de esos de autoayuda edulcorante que prometen un estado de felicidad light.

Me resultó inspirador el arte japonés Kintsukuroi que consiste en recomponer lo que se ha roto. Cuando una pieza de cerámica se rompe, los maestros kintsukuroi la reparan rellenado las grietas con oro o plata, resaltando de este modo la reconstrucción, porque una pieza reconstruida es símbolo de fragilidad, pero también de fortaleza y de belleza.

Recojo el siguiente extracto del libro no sólo para recomendar su lectura, sino por la necesidad personal de guardar aquellos textos que sé que querré volver a leer.

“Lo esencial en esta vida es vivir. Sí vivir, que no es lo mismo que sobrevivir. Existe una diferencia clara entre vivir y sobrevivir. Cuando vivimos, todo es más intenso, los colores son más brillantes, los besos están cargados de pasión y el cuerpo se estremece con cada emoción. Vivir es algo que está reservado solo a los valientes, ya que implica tomar decisiones, vencer la comodidad y buscar el desarrollo y el crecimiento de manera activa.

Cuando vivimos intensamente, corremos más riesgos y nos volvemos más frágiles Vivir implica grandes dosis de fortaleza emocional, ya que supone tener un criterio firme que actúe como salvaguarda de las presiones externas que recibimos. Sin embargo, no podemos olvidar que nosotros mismos también nos presionamos sin ser conscientes de ello A menudo nosotros mismos somos nuestro peor juez. Interiorizamos las expectativas de otros y las convertimos en presiones que nos aprietan el alma y la vida. Nos agobiamos por agobiarnos. Tenemos que cumplir unas metas irreales, unos sueños que algún día alguien quiso que tuviéramos, unas quimeras incompatibles con la vida, unas películas que nosotros solitos nos hemos montado. 

Vivir intensamente requiere de coherencia para poder tomar las decisiones que quieras al margen de las expectativas que otras personas hayan depositado en ti. Si, ese tipo de coherencia que es incompatible con una fachada, con un escaparate o con una imagen formada a partir de retales de deseos de otras personas. Una vida intensa es una vida auténtica. Ser diferente es lo mejor que te ha pasado. No trates de parecerte al resto. No abandones ni calles tu idiosincrasia para vivir la vida que todos viven. No estamos aquí para pagar facturas y tan solo disfrutar un mes al año. Eres un compendio de virtudes que están esperando a ser activadas y a que las pongas a trabajar para ti a tu Servicio. Vivir intensamente es esencial y necesario, ya que está en juego nuestra felicidad y la de los seres que amamos. Pero a veces vivir es peligroso, dado que quien vive intensamente puede lastimarse. Ya se sabe que aquel que nada hace, nada sufre. Sin embargo, ¡no dejes de hacer nada por miedo a resultar herido! Tu cuerpo está preparado para reparar el daño, de la misma manera que tu mente y tus emociones también lo están. Si, nuestro cuerpo nuestra mente y nuestras emociones tienen lo que llamamos el impulso de reparación, que es el encargado de asegurar la reparación y la cura de lo roto y del dolor. Si no quieres sufrir si no quieres romperte limítate a sobrevivir sin salir de casa, el lugar donde todo está controlado, el lugar que te aporta seguridad y confort, pero has de saber que tu cuerpo está preparado para reparar el dolor, las heridas y el sufrimiento.

No pretendas tener una vida placida y sin sufrimiento, ya que si lo haces te estarás resignando a sobrevivir en vez de a vivir intensamente; al contrario, busca una vida activa y enriquecida sabiendo que eres más fuerte que cualquiera de las adversidades que puedas sufrir, sabiendo que puedes recomponer tu vida en cualquier momento. Así que tú eliges: puedes limitarte a sobrevivir, a ir pasando los días en modo rutina, a no plantearte preguntas, a no amar por miedo a ser herido, a no correr por miedo a fatigarte, a no saltar por miedo a caerte, a no bañarte desnudo en el mar por miedo a perder la ropa, a no tomarte tiempo para pensar tumbado al sol en medio de un prado, a no besar a la persona que amas, a no despeinarte ni a perder la compostura… en definitiva, a no enriquecer tus días con una doble dosis de pasión y vitalidad, o puedes empezar a vivir.

No hipoteques tu vida por miedo. No dejes de vivir por el temor a sufrir una adversidad. La adversidad no es más que un desafío, así que entrénate para superarla. Prepárate para cuando aparezca, porque no lo olvides, lo esencial es vivir. Salta, corre, despéinate.... ¡Vive intensamente!

Permíteme explicarte un concepto muy importante, el concepto de “perspectiva”. La vida es como es, pero dependiendo de donde centres tu atención, podrás ver unas cosas u otras. Permíteme que comparta contigo un ejemplo ilustrativo. Recuerdo una excursión que hice hace muchos años a Las Dolomitas. Cogí el coche con la idea de conducir todo el día sin detenerme, ya que tenía previsto llegar a destino antes de que se hiciera de noche. Pero durante el camino decidí hacer una parada en Niza para darme un baño en el mar, y este desvío hizo que llegara a Las Dolomitas de noche. Acampé en la oscuridad, sin ver más allá de lo que iluminaban las luces del coche, y me fui a dormir con la sensación de que ese sitio no tenía nada que no tuviera cualquier otro valle del Pirineo. Pero esa sensación se trasformó a la mañana siguiente al despertar. La visión que tuve al salir de la tienda fue impresionante e inolvidable. Las Dolomitas, con sus tonos rojizos, iluminadas por los primeros rayos de sol, dominaban todo el valle sumido en sombras. Gracias a la luz del sol pude ganar en perspectiva. Esa vista siempre había estado ahí, solo que sin luz simplemente no existía. Que no viera Las Dolomitas no significaba que no estuvieran allí, de la misma manera que no saber de lo que eres capaz no implica que no estés repleto de virtudes y fortalezas. Así que la pregunta es: ¿Estás preparado para iluminar tu vida, ganar perspectiva y adoptar un nuevo punto de vista sobre la adversidad y tus capacidades para gestionarla?” 

Amanecer en los Pirineos o Dolomitas

Preguntas cenizas

Hoy, miércoles de ceniza, comienza la Cuaresma para los que somos cristianos… y no he podido evitar hacerme las siguientes preguntas:

¿Amo para llegar a Dios o porque he sido amado de tal manera que irremediablemente no puedo hacer otra cosa?

¿La penitencia es un trueque donde yo hago por ti y tú por mí (persona-Dios), o es el reconocimiento personal y público de que no puedo ganarme el amor de un Dios que desconcierta por la gratuidad de su amor?

¿Se podría cambiar la ceniza por polvo de cemento y metal de las murallas que intentan parar el paso de aquellos a quienes dejamos morir en nombre de una “justicia” que vela por nuestros “intereses”? Por sal de mar tampoco me importaría...

¿Por qué no cambiar el mensaje: “polvo eres y en polvo te convertirás”, por: “en polvo te convertiste al pasar de largo cuando tuve hambre y no me diste de comer, tuve sed y no me diste de beber, fui forastero y no me acogiste…”? 

Abre la mirada… ¿no estás cansado, como yo, de tanto mirar sin ver?

Puede que vaya siendo hora de asumir que el pecado es una parte constitutiva de nosotros y no hay manera posible de limpiarlo o desterrarlo. Probablemente tomar conciencia de esto sea una de las principales condiciones para relacionarnos con Dios. Si el pueblo de Dios en el desierto no hubiera tenido conciencia clara de su esclavitud habrían rechazado la libertad que Dios les ofrecía.

Tampoco me imagino a Jesús de Nazaret diciéndole a Zaqueo: mira, cuando cambies un poco entonces puede que te deje invitarme a cenar; o despachando al centurión haciéndole entender que no puede curar a su siervo así sin más, sin pedir perdón por nada, sin cuestionarse nada de su vida como soldado, sin ánimo alguno de arrepentimiento o conversión. No me imagino tampoco el semblante de los presentes cuando Jesús narró la parábola del padre del hijo pródigo, y no quiero ni pensar en lo que tuvo que sentir el apóstol, autor del Evangelio, cuando describió a Jesús en la cruz pidiéndole a su Padre que perdonara aquella atrocidad porque no sabían lo que hacían.

En cambio hubiera dado lo que fuera por presenciar la disputa entre Pablo y Pedro sobre cómo se estaban impregnando las enseñanzas del “maestro” de mentalidad judía: el cumplimiento de la ley, la justificación mediante el sacrificio, formar parte de los escogidos…

Quiero decir que si existiese un termómetro que reflejase mi acercamiento a Dios, la medida no subiría por mis buenas y piadosas obras (pude que incluso bajase por ellas), en todo caso subiría más cuanta más conciencia tuviera de mi imposibilidad para ganarme el amor de Dios y descubrir que soy amado precisamente por mi debilidad. En ese momento se produciría el cambio de la servidumbre al amor. Amaría no para ganarme amor alguno, sino como consecuencia irremediable de haber sido amado. Perdonaría, aceptaría, comprendería, acogería… todos los “ías” serían posibles gracias a la gratuidad de un amor incomprensible que justifica sin justificaciones.

Libertad, responsabilidad de mis actos, consecuencia de mis acciones… Por supuesto, pero sin convertir el amor de Dios en un trueque: “yo te doy tú me das”. El “cumplimiento de lo establecido” no puede ser quien determine la presencia o la ausencia de amor. No podemos decir que el amor de Dios es incondicional, pero depende de cómo nos portemos…

¿Cómo se juzgarán nuestras obras?... no tengo ni idea. Por la cuenta que me trae espero que se nos juzgue desde el amor. Un amor tan incomprensible como el que se manifestó en la cruz.

¿Existe el infierno? Por supuesto, y está lleno de fronteras, poder y corrupción. Lo hemos creado con nuestros miedos, intereses e indiferencias.

Dejemos de mendigar amor por temor a perderlo y salgamos al encuentro de Dios como el hijo pródigo. El cielo que espere… ya habrá tiempo para eso.

Ahora es tiempo de CUARESMA…
de coger el arado para abrir surcos que acojan semillas nuevas.

Tiempo de ser testigo más que profeta,
de ser amante más que poeta,
de ser “el otro”  al otro lado de la frontera,
de ser creyente de templo y patera,
de no mirar horizontes sin antes mirar al lado.

Tiempo de no ganar, siquiera el cielo…
hay que perderlo todo para no perderlo.

Tiempo de fe y misterio, de cruz y vida,
de esperanza en medio de la desesperanza...
de cambio en lo eterno o no es tiempo de nada.

Yo quiero un amor eterno


Recórreme sin pudor, que ya no me pesa ser reconocido
Camíname sin miedo a dejar huella, que ya sé de la savia en la herida
Sondéame y descubre lo que no ves en la superficie… no temas reconocerte
Espérame  o no lo hagas, eso sí,  no te alejes de ti mismo ni por mí ni por nadie
Escúchame y aprenderás a escucharte
Mírame sin miedo a que te mire, que somos el mismo mar entre horizonte y orilla
Nádame si lo deseas, pero antes despójate de lo que te cubre y protege
Confíame cuando confíes en ambos
Poséeme…  y verás que no es posible hacerlo
Ámame…  y me poseerás sin miedo a perderme
Libérame de promesas sin raíces
Comprométeme sin compromisos… seamos alianza eterna
Refléjame en tus ojos cansados de mirar sin ver… así te mostraré tu belleza y hondura
Moldéame…  y verás que no es posible hacerlo
Acéptame…  y me moldearé a lo que tú eres
Habítame... pero deja abiertas mis puertas y ventanas
Déjame con sed, eso  me complace… no desesperes por no poder saciarme
Cólmame de silencios elocuentes y las palabras desvelarán nuestros anhelos
Háblame de ti, más allá de lo que muestras, que tus luces y sombras me enriquecen
Sáname sin juicios… con ternura, y eso nos hará fuertes a ambos
Apóyame antes de caer o cuando caiga, y hallaremos fuerza en la debilidad
Infúndeme esperanza cuando me abata el desaliento… yo también te necesito
Enderézame cuando me veas salir del camino, es fácil… verás que me alejo
Suéñame despierto y seremos capaces de cualquier propósito
Perdóname... y reconocerás tu propia fortaleza 
Asúmeme y no me sueñes, que soy más de lo que esperas y necesitas
Enraízame para que demos fruto
Abrázame sobre todo cuando no te dé motivo para ello
Extráñame sin depender de mí
Apártame lo suficiente cuando crea que "sin ti no puedo"
Sáname con tu comprensión aun cuando yo no me entienda
Respétame y así ganarás mi respeto
Inspírame valor para defender lo justo más allá de nosotros
Intúyeme que no me importa ser predecible
Reconóceme cuando me contradiga
Víveme aquí, ahora... que nuestro tiempo es limitado
Renuévame en lo cotidiano
Encuéntrame entre un Padre Nuestro y un Ave María porque sin Dios me pierdo
Despídete de mí cuando llegue el momento, yo también lo haré…
…. que ya estaremos listos para  ser más allá del espacio y el tiempo.